miércoles, septiembre 26, 2012

El Asesinato de "El Griego"

El asesinato de “El Griego”


Dos empleados de Santiago Jacobo Pilaftsidis fueron sus matadores. El Atlántico reconstruye el homicidio del empresario que supo ver en el sur marplatense el progreso y la posibilidad. Traición y brutalidad en un caso que conmocionó a la ciudad
La noche siempre es más estrellada en las afueras de la ciudad. Quizás, eso pensaba luego de cada ocaso Santiago Jacobo Pilaftsidis, mientras se disponía a cerrar la proveeduría del autocamping “El Griego”. Quizás eso, también, pensaron los González la noche del 30 de octubre de 1981, mientras caminaban en busca de su jefe. Nadie puede asegurarlo. Los cierto, es que aquella fue la última vez que Pilaftsidis pudo ver el cielo.
Los González no eran hermanos, pero tenían el mismo apellido. También, los dos, habían nacido en los albores de la década del ’50. Uno, José Antonio, oriundo de Córdoba. El otro, Santos, de Entre Ríos. “El Cordobés” era de carácter irascible y siempre resolvía sus pleitos con una gresca. “El Opa”, apodo que se ganó por su labio leporino, era más bien callado, manso y un poco retraído. Juntos decidieron robar la administración del autocamping en el que trabajaban. Algunos dicen que fue “El Cordobés” el que instigó el atraco y que “El Opa” se dejó llevar. Sin embargo, fue Santos el que mató a Pilaftsidis. En una sala de la comisaría quinta de Mar del Plata, Santos “El Opa” González, de 31 años, lo dijo entre sollozos:
-Yo no lo quise matar… fue un accidente.
UN PIONERO
Santiago Jacobo Pilaftsidis llevaba en su sangre griega el espíritu de Homero. Nacido en Pireo, ciudad del sudeste de Grecia, puerto de la antigua Atenas, tuvo que emigrar hacia el nuevo mundo y con 15 años recaló en Buenos Aires. En 1954 fundó junto a uno socios su primer almacén. Pero el joven inmigrante fue víctima de una estafa que lo dejó en la calle. Esa no iba a ser la única vez que quienes gozaban de su confianza buscaran aventajarlo.
Sin nada, decidió volver a viajar. Esta vez, fue la Costa Atlántica del país que le dio acogida el destino. Otra vez, Pilaftsidis estaba de cara al mar, lejos de Egeo, pero con el objetivo de echar raíces en Mar del Plata.
Corría 1957 y, según se recuerda, el joven Pilaftsidis vendía fruta en un carro en Independencia y Juan B. Justo. Así arrancó la economía de un hombre que lograría convertirse en uno de los empresarios locales más reconocidos. Su visión de futuro fue la clave: cuando la ciudad parecía expandirse para el norte, Pilaftsidis decidió apostar al sur. Así abrió un supermercado en la zona de El Faro y, ya en 1967, invirtió en unas 18 hectáreas de tierra ubicadas a la vera del camino de cintura que une el corazón del puerto local con la ruta asfaltada que desemboca en Miramar. Allí se alzaría el autocamping “El Griego”, allí Pilaftsidis fue brutalmente asesinado a los 67 años.
LA TRAICIÓN
-Don Santiago, ¿está ahí?- “El Opa” golpeó la puesta de la proveeduría en busca de su jefe. Era de noche, ya no quedaba casi nadie en el autocamping. Pilaftsidis hacía unas semanas que dormía allí porque estaban en obra. Una serie de asadores nuevos mantenían en vilo al dueño del predio.
Pilaftsidis estaba por ir a acostarse cuando escuchó el llamado. Miró y al ver la figura inconfundible de Santos decidió abrir.
-¿Qué te pasó a esta hora?- le habrá dicho mientras lo dejaba pasar. La excusa era obvia, “El Opa” se había quedado sin provisiones y decidió pedirle una mano a su jefe.
Caminaron juntos entre las góndolas de mercadería hasta que Pilaftsidis escuchó un ruido extraño que venía de la Administración.
-¿Qué fue eso?- quizás preguntó mirándolo a Santos, intuyendo la respuesta. Lo cierto era que “El Cordobés” cumplía la otra parte del plan. Mientras “El Opa” distraía a don Santiago, su secuaz intentaba entrar en la Administración del complejo para apoderarse del dinero que allí había.
Pero las cosas no iban a salir según lo planeado. Pilaftsidis detectó los movimientos extraños en la Administración y amagó a ir hacia allí. Pero todo quedó en el intentó. El ruido seco del golpe en su cabeza fue lo último que escuchó antes de desvanecerse en medio de la proveeduría. A sus pies, “El Opa” lo observaba atónito, sin creer lo que había hecho, estaba asustado y en su mano sostenía por el pico la botella de gin con la que había golpeado a quien siempre le había dado una oportunidad.
Todo había salido mal. Lo que debería haber sido un simple robo tomó un rumbo inesperado. No había vuelta atrás. Pilaftsidis lo había reconocido. Había que deshacerse de él.
Qué se dijeron en ese momento los González nadie lo sabe. Lo que sí pudo probarse es que tomaron un adoquín de la vereda y volvieron junto al cuerpo desmayado del patrón para terminar con su vida.
GOLPE MORTAL
El cuerpo de Pilaftsidis fue hallado por un empleado alrededor de las 7.30 del sábado 31 de octubre. Tendido en medio de un charco de sangre la vida del comerciante de 67 años se había desvanecido.
A pocos metros de él, un adoquín de forma triangular, de aproximadamente dos kilos, desentonaba entre la mercadería de la proveeduría. El tejido hemático y el cabello pegado a la roca no dejaban dudas: era el arma mortal.
Personal de la seccional quinta de la Policía Bonaerense fue quien debió intervenir en el hecho por razones jurisdiccionales. Al ver la escena formularon la primera hipótesis: “homicidio en ocasión de robo”. También, en el momento, hallaron el arma homicida. La pesquisa se encaminaba a buen puerto, solo faltaba la mano criminal.
El diario El Atlántico, el 1 de noviembre de 1981, tituló a seis columnas “Comerciante se resistió a un asalto y fue asesinado”. Un día después, otra vez en tapa el título informaba que habían apresado a un hombre. “Detienen al brutal matador del Griego”, pero muchos sospechaban que aún el caso no estaba cerrado y, la sombra del caso Cicconi hacía temer que se convirtiera en otro de los homicidios del momento que quedaban sin resolver.
La temporada de verano 81-82 comenzaba a palpitarse en Mar del Plata. La dictadura militar aún permanecía en el poder: faltaban meses para la locura mesiánica de Malvinas. Fabricio era el intendente interventor de la ciudad y Gabriel Curuchet obtenía el oro panamericano en los 3 mil metros de persecución individual. El Prode, la esperanza de muchos ante a disparada de la economía, daba esa semana una boleta imposible: cinco empates y ocho locales; los únicos visitantes parecían ser los ovnis que según los titulares “invadían” el mundo.
AUSENCIAS
Mientras Carlos Reuteman anunciaba su retiro del automovilismo y Mirtha Legrand su llegada al teatro Colón de la ciudad con la obra “Rosas para una estrella”, el personal policial trabajaba en la escena del crimen para dar con el o los asesinos y la familia Pilaftsidis velaba los restos de Santiago en la sala ubicada en Luro al 4300.
Allí una gran cantidad de personas acompañaron el dolor de la numerosa familia griega compuesta por Erminda, esposa de Santigao; Carlos, Mario, Marta y Graciela, los hijos de ambos, y sus once nietos.
Rodeados de familiares y amigos, a todos le llamó la atención la ausencia de dos de los empleados más fieles que tenían en “El Griego”: Santos y “El Cordobés”.
Si uno recorre la historia que unía a los empleados con su jefe, definitivamente la ausencia era llamativa. Pilafsidis había contratado a los dos jóvenes dos años antes. Pero el patrón no tenía con ellos la misma relación que con otros empleados. Muy conforme con el trabajo que hicieron los González en la puesta a punto del flamante autocamping, Pilaftsidis les ofreció quedarse a cargo del mantenimiento del lugar. También les ofreció construirles una casa en el predio para resolver sus problemas de alojamiento. Todo resuelto. La relación, incluso, muchos la describirían como familiar. Los empleados de “El Griego” declararon entonces a la prensa que muchas veces se lo veía a don Santiago aconsejando a Santos, diciéndole que nunca equivocara el camino. En relación a “El Cordobés”, todos recordaban que tiempo antes del crimen, había decidido probar suerte y por eso dejó el autocamping para marchar con su esposa e hijos por otros rumbos.
-Acá siempre vas a tener a un amigo, volvé cuando quieras- le dijo Pilafsidis al despedirlo. Y así lo hizo “El Cordobés”, tres meses antes del asesinato volvió a pedir trabajo y su viejo jefe cumplió con su palabra:
-Mire don Santiago, las cosas no me fueron bien y estoy a la deriva con mi familia, venía a verlo por las dudas…
-José, cuando te fuiste te dije que aquí siempre tendrías un amigo. Traé a la familia y a trabajar. Ya perdiste demasiado tiempo.
Otra vez los González volvían a trabajar juntos en el autocamping.
Los gestos de generosidad de don Santiago hacia sus dos empleados no guardaban reparos. El martes anterior al crimen, Santiago Pilaftisidis le dijo a uno de sus hijos:
-¿Por qué no hacen arreglar ese televisor que nadie usa. Se lo quiero regalar a Santos. No sale nunca y se aburre de noche.
Por estas cosas llamaba la atención aquellas dos ausencias en el sepelio. Pero esta pista, en principio endeble para los investigadores se sumaba a una certeza: Carlos, uno de los hijos de la víctima, aseguraba que el matador tenía que ser un conocido de su padre.
-El viejo no le hubiera abierto la puerta a esa hora de la noche- dirá en una entrevista en exclusiva conEl Atlántico publicada el 3 de noviembre. También sospechaba que habían actuado al menos dos personas en el hecho. El cerco comenzaba a cerrarse sobre los González.
Ese mismo día, el diario hablada de que se había visto en Madrid a José López Rega. “El Brujo” pululaba por Europa prófugo de la Justicia desde que decidió exiliarse en España después del “Rodrigazo”. El creador de la Triple A gozaba de buena salud.
LA DETENCIÓN
El jueves 5 de noviembre los titulares de los matutinos anunciaban lo esperado: “Aclaran el asesinato del Griego: lo matan dos de sus empleados”. Sin embargo, en aquella tapa de El Atlántico otro titular conmovía a la sociedad a nivel nacional: “Mariquita Valenzuela fue internada: ¿Quiso suicidarse por amor?”.
En las páginas policiales, el caso de “El Griego” ganaba dos páginas.
Una hermosa foto familiar decora la nota en la que se daba por esclarecido el crimen. Allí se los ve a Santiago Pilaftsidis con su mujer, sus hijos y sus nietos. Allí se los ve a todos felices, sin sospechar lo que podría ocurrirles.
Según se rescata de las crónicas de la época, el miércoles 4 de noviembre de 1981 una comisión policial de la comisaría quinta llegó al autocamping “El Griego” en busca de los dos sospechosos. Eran cerca de las 7 de la mañana cuando José Antonio “El Cordobés” González y Santos “El Opa” González, ambos de 31 años, eran detenidos acusados de ser los asesinos de Santiago Jacobo Pilaftsidis.
Los dos detenidos fueron trasladados a la dependencia policial. Allí confesaron todo. “El Opa” fue quien se quebró primero y expresó que la muerte de Pilaftsidis había sido accidental.
Los dos quedaron apresaos bajo los cargos de “homicidio simple” ya que la Justicia entendió que no hubo premeditación en el asesinato.
Unas semanas antes del hecho fatal, los Santiago habían comenzado a trabajar duro en la ampliación del local del supermercado “El Griego” ubicado en la zona de El Faro. Aquel viernes, dejaron las herramientas antes de tiempo y se fueron al camping. Al llegar se cruzaron con Pilaftsidis que se extrañó por verlos tan temprano.
-Estamos agotados, don Santiago- se excusaron y continuaron hacia sus casas. Horas después, al caer el sol, terminaron con la vida del hombre que los había ayudado a sobrevivir.